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Diálogos de Taller 1
Jorge Abot entrevista a César López Osornio.
Diario Educación. Publicación de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
Madrid, agosto de 1986.
 
César López Osornio nace en Argentina. Obtiene el título de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata. De 1960 a 1962 reside en Japón becado por la Universidad Nacional de La Plata y la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires. Concurre al Departamente de Arte de la Universidad Tecnológica de Osaka graduándose como profesor en Arte Oriental. Desde 1958 ejerce la docencia en universidades de Argentina (Universidad Nacional de La Plata - Facultad de Bellas Artes y Universidad Católica de La Plata – Facultad de Arquitectura), Japón (Facultad Tecnológica de Osaka – Facultad de Arquitectura y Universidad Kyodai de Kyoto, ex Imperial ) y actualmente,  a partir de 1975, en la Facultad de Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela. Participa como jurado y asesor en certámenes y salones en su país natal y en Japón. Realiza obras como muralista y diseñador en Argentina, Japón y Venezuela. Desde 1980 reside en Barcelona, España, donde continúa su labor docente. Expone en galerías y museos de Argentina, Japón, Colombia, Francia, Estados Unidos, Venezuela, España e Italia, realizando más de cien muestras individuales y colectivas.
 
Pocos artistas iberoamericanos pueden reunir la doble condición de maestro y creador. Pocos han recorrido Iberoamérica dejando en cada uno de nuestros países una huella docente como César López Osornio. Docencia en un ámbito generalmente descuidado por políticas educativas que incurren en el tópico de considerar el arte como suntuario, como adorno cultural. Docencia difícil, cuando frente a conceptos tan superficiales y lamentablemente tan generalizados, César López Osornio cree firmemente en la dimensión humanística y cultural del mensaje artístico.

“No considerar la educación por el arte como propiciador del desarrollo humano es una forma de incultura que constituye un escándalo intelectual. Rebajar la expresión artística a representar la cultura especulativa y práctica es, en bastantes casos, el ideal de muchos educadores sociales, y aún por extraño que parezca es la meta final de algunas facultades, institutos y escuelas de arte.”

Para este luchador tenaz, el arte es un modo de vida, es “la vanguardia de la ciencia, y la ciencia, el andamiaje  lógico de la imaginación en lo que el creador se apoya para indagar sobre el hombre venidero.”

Para César López Osornio el decir no está escindido del hacer. Con la misma fuerza y convencimiento con que ejerce la docencia realiza su trabajo creador.

José Corredor Matheos, en la presentación del catálogo de su exposición en Barcelona en febrero del 83, afirma: “Es tan sencillo el resultado que alcanza Osornio que no puede quedarnos duda alguna sobre su ambición. Porque, en efecto, su objetivo va más allá de lo artístico, aunque esto, por supuesto, quede implícito. El arte, en sus manos y en su mente, es un instrumento para un Trabajo que hay que escribir con mayúscula. Estas pinturas son de una decantada y purísima estética y responden a una actitud de exigente ética.”

- César, ¿cómo conjugas esta vida tuya de artista, profesor y viajero impenitente?

- No creo que la vida de un hacedor puede fraccionarse. La “unidad” suele tener varias facetas diferenciadas. Hacer y enseñar a ver desde premisas universales para que alguien encuentre su destino de hombre y creador, es casi un mismo acto. Si me permites, diría “sacro”. Como hombre no podría vivir de otra manera que enriqueciéndome junto con los demás. Sin el arte yo no podría ser. Pero nunca lo pondría por encima de todo.

- Pocos artistas argentinos han gozado el privilegio de vivir, estudiar y trabajar en Japón. ¿Qué significaron para ti y tu quehacer como creador esos años de vida en una cultura tan lejana?

- Una experiencia fascinante, que lejos de lo que yo pueda “demostrar”, me enriqueció y marcó profundamente. Vivir en Kioto me enseñó que si buscamos más allá de las diferentes costumbres e idiomas, podemos contactarnos en niveles donde la imagen se trasciende por presencias visuales, o sea, aquello que llamamos “percepción inteligible”. En el fondo todos los caminos, en tanto auténticos, se relacionan. T. S. Elliot nos dice: “Uno no viene aquí para verificar, para instruirse, para satisfacer una curiosidad o elevar un informe. No. Viene a arrodillarse donde la plegaria fue válida.”

- César, ¿se puede hablar de arte latinoamericano?

- Sin duda. Todo creador que hurgue en su interior verá, más allá de su reflexión espiritual, nacer su ser ontológico ligado a las raíces de su origen y de su crecimiento. Puede que intente negarlo inconscientemente, pero no bastará para obstruir ese nacimiento.

- Mi pregunta apunta hacia esa discusión entre un arte nacional opuesto a un arte universal que se da en nuestros países. Discusión que personalmente considero estéril.

- Justamente, todo lenguaje universal se nutre de esas raíces trascendidas. Quien da testimonio es porque en algún lugar ha abrevado, y nada más lógico es que ese sea el lugar de nacimiento. Basta repasar histórica y visualmente el arte latinoamericano para darnos cuenta de que el andamiaje que lo sostiene es auténticamente latinoamericano. Tú mismo, Jorge, titular “Ventanas al Sur” a tu reciente y estupenda exposición, lo mejor que he visto de ti. ¿Qué razón das y qué extrañas memorias te llevaron a poner ese título a esta serie? No es casual ni circunstancial. Cortázar tenía y tiene razón. Quizá se pueda dar un testimonio más objetivo y justo estando afuera. También Descartes sostenía que la mejor manera de ver “claramente” el desarrollo de una fuerza es otearla desde lejos. Si no los hechos externos a ti pueden, con seguridad, sacarte de tu centro y de, por lo menos, todo intento de ecuanimidad. La realidad se confunde y adquiere comportamientos falsos.

- ¿Es mejor estar afuera?

No, yo me refiero a que toda expresión no puede quedar enmarcada por hechos circunstanciales, y además, creo que Latinoamérica tiene dentro y fuera suficientes artistas como para poder conmover al mundo. Artistas con características muy específicas que los distinguen especialmente.

- Tú que tienes una enorme experiencia docente, ¿qué puedes decirnos de la situación actual de la enseñanza de las artes?

- Como está ocurriendo mundialmente, hay crisis porque los métodos están perimidos. Además se confunde la expresión personal con la enseñanza y esto no lleva a ningún lado. Los conocimientos deben ser reflexivos, precisos y universales. “Amo la razón que corrige la emoción”, decía P. Klee. En cambio, hoy, casi toda la provocación creativa está llevada por teóricos de biblioteca, saturados de conceptos erróneos, que postulan que lo suyo es lo “absoluto”, o por profesores que ven coartadas todas sus posibilidades, al no realizar actividad creadora o de investigación serias. El panorama se vuelve desolador. Quien quiera realmente crear, quizá se salve yéndose de las escuelas de arte. El alumno transita entre postulados muertos e intuiciones arbitrarias, y ese camino no conduce a ninguna parte.

- César, ¿equivale esto a cerrar escuelas, institutos o facultades de arte o se trata de crear una nueva pedagogía?

- No, porque a pesar de todo lo que ya dije, forzosamente se irán cambiando los métodos, y por poco y mal que se reciba, siempre se comprenderá lo difícil que es tener una imagen original. Como ilustración recuerdo a un pintor colombiano, Alejandro Obregón, quien pidió al Ministerio de Cultura de su país que cerrara la Escuela de Arte donde con cerca de 200 alumnos no había ningún genio. Sobran los comentarios. Se suele ignorar que los creadores pueden despertar en cualquier momento, y que el trabajo del maestro consiste en movilizar el ser oculto en la sombra.
Por otro lado, una preparación artística no tiene que caer necesariamente en el hacer plástico. Puede que en ese “volver a ver”, el alumno encuentre su perdida identidad y su verdadero destino de hombre fuera del arte.
Creo que ésta es la única y auténtica labor de la escuela y de la enseñanza artística. Cuando alguien se ha sensibilizado como para “sentir distinto”, el hecho de por sí es un hermoso regalo y un aporte positivo para la sociedad. Lo que sí, vuelvo a insistir, es perentoria la necesidad de modificar, desde las raíces, los sistemas pedagógicos no sólo del arte, sino en todas las facetas de la enseñanza. El deterioro del ser comienza en las escuelas primarias y se magnifica en las universidades.

- Entonces, de los actuales sistemas, ¿no salvas casi nada?

- Efectivamente, casi nada.

- ¿Y los que están dentro dirán lo mismo?

- Sin duda, lo conocen igual o mejor que yo. Prevalecen los intereses de todo tipo sobre las auténticas necesidades del cambio educacional.

- Te pregunto, ¿fundarías nuevas escuelas de arte?

- Sí, y además también de artesanías y de oficios. Todas tendrían la finalidad de “servicio” para integrarse con la sociedad que los contiene.
El arte no es un artículo suntuario, es un modo de vivir en la creación, en la belleza. Es una particular manera de ver el mundo, es un hecho espiritual que “sobrevuela”  las formas y los acontecimientos localistas. En el arte, el espíritu es la constante y la forma “lo cambiante”. Cuando algo me conmueve, no es por su forma, sino por aquello intangible que vivifica esa forma y todo propósito creador: su espíritu.

- ¿El arte puede enseñarse?

- No, sólo puede provocarse, radiante e inductivamente. Pueden crearse y avivarse inquietudes en quien se deja provocar. Si es bien inducido; y así darse las necesarias condiciones para despertar ala percepción diferenciada, a la creación.

- ¿En qué se diferencian los creadores latinoamericanos que siguen viviendo en América de quienes, como tú, viven en Europa o Asia?

- En nada, en tanto “reales creadores”. Sólo hay algo que los distingue: las distintas oportunidades de exponer y confrontarse, y, a veces, la información.
Puede decirse que esta nueva Educación por el Arte se basa en la premisa de que hay un sabiduría y una creatividad básicas que pueden ayudarnos a resolver problemas del mundo. Estas posibilidades creativas no son exclusivas de ninguna cultura de oriente ni de occidente. Es una cualidad del hombre que, en su condición de creador, ha dado testimonio de esa condición humana a lo largo de toda la historia.
Cada hombre, en sí, es un vivo testimonio del mundo en que habita, condición humana que permanece impresa en sus obras y define sus rasgos. Esto está más allá de los propósitos que él quiera para sí.
Por tanto, Jorge, volviendo a la primera pregunta, por mal que ello influya en sus intereses particulares, el artista no puede borrar sus orígenes. De hacerlo ya no sería artista, ni tampoco hombre.